Jacarandá

Jacaranda mimosifolia · Bignoniaceae

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Descripción

El jacarandá (Jacaranda mimosifolia) es un árbol caducifolio de la familia Bignoniaceae, nativo de Sudamérica. Se destaca por su follaje finamente dividido, similar al de los helechos, y por sus llamativas flores de color violeta azulado que aparecen en primavera. Es uno de los árboles ornamentales más cultivados en regiones subtropicales y templadas de todo el mundo.

Alcanza una altura típica de 10 a 15 metros, con una copa amplia y redondeada que puede superar los 10 metros de diámetro. El tronco es relativamente corto y puede ramificarse desde la base. La corteza es grisácea y lisa cuando joven, volviéndose más rugosa con la edad.

Características

Hábitat y distribución

El jacarandá es originario del noroeste y nordeste de Argentina (provincias de Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca, Misiones) y del sur de Bolivia (departamentos de Tarija, Chuquisaca, Santa Cruz). Crece en bosques y selvas en galería, laderas y quebradas húmedas, entre los 500 y 2000 metros sobre el nivel del mar. Prefiere suelos profundos, bien drenados y una exposición soleada.

Debido a su belleza, se ha plantado en muchas otras regiones del mundo, como Sudáfrica, Australia, Estados Unidos (California, Florida), España y Portugal. En algunas zonas se considera una especie invasora por su facilidad para naturalizarse.

Usos

Cuidados y cultivo

El jacarandá es un árbol de cuidado fácil una vez establecido. Prefiere pleno sol y suelos fértiles, sueltos y bien drenados; tolera suelos pobres pero no el encharcamiento. Es sensible a las heladas fuertes cuando joven, aunque los ejemplares adultos soportan temperaturas de hasta -5 °C de forma breve.

Por su porte y raíces superficiales, se recomienda plantarlo a una distancia mínima de 8 a 10 metros de construcciones y cañerías. Es un árbol longevo que puede vivir más de 50 años.